8. ¿Qué herramientas digitales te parecen fundamentales para una comunicación artístico-docente eficaz?

Como a esta pregunta ya se ha respondido con cierta amplitud en el punto 5, voy a permitirme cambiar el planteamiento de la misma por el de cómo debemos plantearnos el uso de herramientas digitales en la docencia online a distancia, ante la experiencia vivida dadas las circunstancias en las que hemos tenido que desarrollar las prácticas. En una situación en la que las enseñanzas recibidas en el master tenía prevista una aplicación práctica de forma presencial en los centros de enseñanza y al no ser posible por la crisis sanitaria ha habido que improvisar una adaptación a la docencia on-line a distancia para la que no estábamos preparados, ni al uso de las propias herramientas tecnológicas ni a la adaptación de los contenidos didácticos para el medio digital (contenidos que por su parte también estábamos aprendiendo a elaborar, con ciertas dificultades por cierto, dada la gran propensión de los profesores del máster hacia las explicaciones sobre el cómo y el extraño desinterés hacia el qué de los mismos). Dado además que esta adaptación improvisada no se ha dado en unas circunstancias normales de trabajo sino en una situación crítica de emergencia sanitaria y reclusión domiciliaria con las dramáticas consecuencias que ello tiene para el estado anímico de docentes y alumnos, el plantearse esta necesidad como una oportunidad para elaborar una apabullante lista de herramientas digitales con la que intentar compensar la imposibilidad de la docencia presencial resulta un esfuerzo vano además de contraproducente. Es evidente que los medios digitales on-line suponen un gran recurso docente para superar el aislamiento, pero antes de lanzarse al bombardeo digital de los alumnos habría que reflexionar y establecer una lista de buenas prácticas para evitar el colapso en la comunicación artístico-docente.
En primer lugar hay que tener presente que no todos los alumnos tienen el mismo acceso a los medios digitales. No todos tienen ordenadores disponibles, acceso a internet continuo y fluido o un manejo suficiente de la tecnología. En función del entorno socio económico del centro en muchos casos es posible que muchos alumnos tengan que conectarse por medio de móvil con datos limitados. El plantear tareas que exijan plena disposición de medios supone excluir a los que no tienen acceso a los mismos.
La situación de encierro no es equiparable a la de unas vacaciones. Los alumnos no tienen necesariamente más tiempo libre que durante las clases, y ese tiempo no se emplea con la misma dedicación que en el entorno del aula. Su disponibilidad es reducida. A la distancia se une que la disposición mental en esta circunstancia no es la ideal para concentrarse en las tareas. No puede esperarse ni menos exigirse una implicación equiparable a la del aula. Por tanto y como regla general, hay que proponer tareas de forma proporcionada, con tiempo para que organicen su tiempo y ofreciéndoles la posibilidad de resolver sus dudas. No hay que proponer tareas que exijan necesariamente uso de escáner, impresoras y otros dispositivos. El formato de los archivos enviados ha de ser universal y accesible, y no ha de exigirse el uso de aplicaciones que descargar, y en todo caso hay que ofrecer cuantas más alternativas posibles, mejor. Las clases por video han de grabarse para que los alumnos puedan verlas cuando tengan tiempo, evitándose la opción de las emisiones en directo (y menos aún si no se avisa con tiempo de la emisión). La duración de los videos ha de ser breve, y organizarse de forma de que cada uno trate un asunto concreto. Todos los envíos han de anunciarse con tiempo suficiente, y las fechas de entrega han de ser flexibles para permitir la resolución de dudas y superar los fallos de conexión. En todo caso no hay que caer en la compulsión de tratar de equiparar la docencia presencial con una sobreutilización de recursos digitales que apabulle y ahuyente al alumno, en el caso de que tenga acceso a ellos. Y volviendo a la pregunta inicial, existen un buen número de herramientas digitales con grandes posibilidades para la docencia artística, la cuestión es mantenerlas en el plano de la herramienta, que es un segundo plano de apoyo y no uno primero de protagonista y finalidad, papel que corresponde a los contenidos didácticos, que si son ricos y potentes podrán adaptarse a cualquier formato.

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